Dime... ¿Acaso tienes tu también una reflexión poético-filosófica sobre limones, mazapanes o tortas enchiladas con carne?, ¿Por casualidad sabes o presientes las razones dichosas de las lechugas en su pleno frescor?, ¿Te inquieta e intriga la exacta metáfisica matemática del fractal en la coliflor?
Siendo así, cuéntame y la sumamos a las mias, por leerlas, por divertirnos, por entender tanta cosa extraña y maravillosa que ocurre en el universo.

sábado, 9 de enero de 2010

Esponjado de Tiempo con Premeditación y Alevosía


Lo encontré al esponjado entre los apuntes, tal y como fue supuesto hace unos 10 o 12 años.
Está aquí de nuevo para alguien, para alegrarnos, para recordar, para reciclar, para verme frente al espejo de lo que fui, soy y seré...
que todavía sospecho
nebulosamente.

De alguna subrepticia manera el alma de poeta que habita en el Hombre se da cuenta un buen día que esta condenada a repetirse, porque todo ya se ha dicho, todo se dirá, igual o diferente, como todo está presente y dicho en cada gota de agua que cae del cielo sin por ello dejar las nubes de llover. El universo no es si no la misma cosa que siempre está cambiando y la nube y el poeta, se saben la condena a la belleza y quieren cantar en una y otra parte con todo lo que existe. Cada gota repite una maravilla de la nube, cada palabra repite una maravilla del poeta. En realidad, en realidad la belleza, es un diálogo de las cosas en el que queriéndolo o no, infinito y poeta, nube y lluvia, cantan las mismas estrofas variando consecutivamente ciertos tonos, para decirlo todo, todo. Para cumplir esta condena.

Algunos piensan que la vida es el ansia de ella misma por echarse un buen vistazo. Que la vanidad del hombre, no es otra que la vanidad de una rosa, de un águila, de una manzana, de algo tan pequeño que en un lapso minúsculo de tiempo recrea todas las fuerzas desde la vez en que todo ocurrió. Un latido del universo, la gran explosión, el único pulso del gran, gran corazón de todas las cosas que podremos llegar a ser en este espacio. Verdaderamente si uno se fija bien, de tan enamorada que ha estado la humanidad del asunto, se anhela eterna también ella misma en este movimiento y he que aquí nos encontramos con dioses y demonios, ángeles y prodigios que nos llevarán por este paseo atemporal de tiempo. Sin embargo, aquello no debiera importarnos, ya que de igual manera encontrará lo eterno el artificio para conducirnos hasta si, para conocer todas las pulsaciones desde una sola, para conocer el único cuerpo real de la existencia, mostrándonos desde ya, aquí y ahora, de lo que trata el asunto; tiempo infinito en cada uno de sus segundos, de la manera como el universo completo está presente en cada átomo que lo compone. Por ello hoy en la cocina habrá Esponjado de Tiempo, que no es otra cosa que segundos con sabor de eternidad premeditados y alevosamente.

El esponjado es uno de los dulces, o bien, postres más conocidos, porque donde quiera haya alguien que se deleite con golosinas delicadas y armoniosas que surten su efecto según se deshacen en la boca, conoce, ya sea por haberlas preparado, ya sea por haberlas probado, ya sea, porque en alguna ocasión le hayan contado, que siempre habrá espacio en cualquier recetario que se respete para un alimento de esta naturaleza y sabor.

Tiene este postre características que le hacen especial y único. Su arte, esencia, su razón de ser, es la de expandir el sabor de las cosas sin dejar perder ni un ápice del alma de las mismas. Derretirse en la boca pausadamente. Encontrar el centro de un sabor, el centro de la belleza que los segundos muertos procuran desaparecer, mientras él, el esponjado, todo lo hace indolente, todo lo hace calmo, para fijarlo en la conciencia del que come, para dejarlo fluir y reencontrarlo nuevamente, como acto de descubrimiento, como vida redescubriéndose a sí misma en todo momento. También, para que sean los segundos que dura el dulce en la boca imperecederos, ya sea presentes por fin en la lengua, ya sea que la lengua tenía lo justo para saberlo, ya sea que la lengua, luego de probado lo recuerda, que como quiera, el asunto de este esponjado es más bien de la alevosa intención, muy barroca, de repetirse todo una y otra vez. Pertinaz, a propósito de este asunto, es lo que ya se ha cocinado con el transcurrir de los siglos del hombre. Si, porque mirado agudamente, todo no es más que lo mismo visto desde diferentes ángulos, y entonces, como si fuera El Mundo un Teatro, tenemos serios cocidos de angustia, que supimos representar y comer hasta el último arroz en el plato, y como no, también dulces de renacimiento, buscando la Gran Receta del Hombre, pero claro, las cosas de la cocina avanzan o rotan, o como sea, que ya se encuentran ingredientes de todas clases y sabores antes desconocidos, por lo que ahora corresponde echar de todo un poquito a la olla según dicta el espíritu de la época, que no es más que otra ficción de tiempo.

Así como el tiempo invade y es el alma matriz del espacio, así del buen esponjado de tiempo el alma es el segundo que invade el presente de actos y cosas huyendo del momento. ¿Cómo habríamos de asustarnos entonces por este ejercicio de fuga tan bellamente detallado y reelaborado por los más grandes soñadores, cuando la verdad es que siempre hay otro segundo adelante para recrear el ya muerto?. Danzas del segundo nos han mostrado la guerra a vida, a muerte, de la carrera contra el tiempo. La muerte nos ha mostrado como todo queda congelado sin más razón de ser. La vida nos enseña que lo que no se hizo ayer ya no se hará mañana. ¿Pero y?, si siempre hay algo delante, queriéndolo o no, sin fe o con ella, siempre, siempre, porque somos parte del tejido del universo y del tiempo que lo compone y este dulce es como por así decirlo, para entrar en esa honda de momentos que todo conciertan. Ser un buen hilo de sabor, aunque como ya se sabe, en la viña del señor todo hay, y lo amargo, intragable, también es parte de gustillo de todas las cosas.

Ahora, lo que necesitamos para este asunto son cosas muy sencillas. Limones del árbol del que el hombre es el nombre. Agua, azúcar; sea pulverizada si se quieren emplear segundos, sea del grano gordo y fino si lo que se quiere emplear son minutos. Gelatina sin sabor, la necesaria para la densidad, porque aquí el asunto también es de densidad de las cosas. Claras de huevo batidas a punto de nieve, como una nube, como muchas nubes blancas e inmaculadas que en realidad no se pueden estrujar con los dientes, ya que comer el esponjado deberá ser en todo momento deleitoso y más sensitivo que algo que nazca del acto, del hacer. Leche en forma de crema, o sea, lo mejor de todo en un estado de concentración de lo mismo.

El jugo de algunos limones, de ti y aquellos hombres y mujeres que por compartir su tiempo contigo amas, mezclado con el azúcar y derretido ello en un fuego lento, para hacer que ese sabor ácido se tonifique en otra cosa por el dulce. La gelatina, también derretida en agua fría y agregada a lo anterior. A la nevera este preparado hasta que cuaje, hasta que tome una forma más bien tenaz, allí justo, se saca de la nevera y se bate con mucha fortaleza y ojalá a mano, rediciendo lo imbatible en lo manso, junto con los huevos a punto de nube, y la leche concentrada. Luego todo rebatido, hasta que este esponjado, hasta que cada segundo se vuelva gordo y gordo, se sacara del refrigerador para comer. Cada segundo ensanchado, la conciencia de la vida que alimenta y engorda tu tiempo está lista para ser devorada con toda premeditación.
No es necesario acompañar el esponjado con nada más. Es este preparado el que se puede acompañar de otros platos, como el de dicha plena, sin embargo, no es bueno de usar muy frecuentemente cuando un dolor aflige el alma y se es muy susceptible, quizás, solo una que otra vez, para tener conciencia de la otra cara de la moneda. Los monjes tibetanos lo suelen degustar en todo momento y por ello muchos se iluminan de vida de tiempo. Los estúpidos no lo comen nunca. Entre ser estúpido y ser iluminado se encuentra el consumo común, todo es cuestión en realidad de cómo decidas alimentarte, lo que también es indiferente de cualquier manera para el alma del tiempo.

4 comentarios:

  1. Querida, contado así, casi casi suena mejor de lo que huele... y si añadimos una copita de vino dulce (vino de misa, madeira suave, porto, marsala, meus amores...), hay para mostrar a más de un escéptico de que el cielo existe y pide relativamente poco sacrificio y sobre todo, buena compañía.

    Un abrazo boreal.
    Paulus.

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  2. Paulus, Realmente me he coloreado fue como un guiño... que en realidad no fue para mi sino para ese cielo... por allí nos veremos,
    seguramente.

    Carlos, eso dicen de cuando se come bien, un sintoma, el silencio. Pues que bueno! porque no me lo esperaba.
    Gracias por pasarte por aqui.

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  3. Love, Love, LOVE this black and white animals and child!!! Beautiful! :)

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