Dime... ¿Acaso tienes tu también una reflexión poético-filosófica sobre limones, mazapanes o tortas enchiladas con carne?, ¿Por casualidad sabes o presientes las razones dichosas de las lechugas en su pleno frescor?, ¿Te inquieta e intriga la exacta metáfisica matemática del fractal en la coliflor?
Siendo así, cuéntame y la sumamos a las mias, por leerlas, por divertirnos, por entender tanta cosa extraña y maravillosa que ocurre en el universo.

Mostrando entradas con la etiqueta Naturaleza muerta de viandas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Naturaleza muerta de viandas. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de septiembre de 2010

Naturaleza muerta de viandas, hormigas y un mantel blanco.

El lúcido sueño de un queso es ahora un desvarío desde que llegaron las hormigas y quién sabe por qué, el hijo de la leche se ha convertido en un enorme rascacielos herrumbrado por el olor y un sospechoso musgo amarillento.

La luz que le nace en la frente al farol plagia con éxito dudoso las estrellas que adormecieron la noche. Noche barroca de miles de sueños entrepiernados en las esquinas que alumbra la bombilla. Luz incierta que se recuesta en la mesa adornada con viandas.

Sandra ya adulta cumple quince años de carcomer entre dientes maní tostado que se escondía en las encías y entre el nido de la lengua. La boca de Sandra es de chocolate y un muchachito vecino adornó este beso, ya en aquella juventud, con maní, pero no estaba tierno. Ella se pregunta la razón y lo vuelve a masticar en su boca.

De capa nocturna y mantequilla se derrite cuando lo ve y le nacen barcos redondos en las alas que describen un mapa negro de borrascas sobre el mantel. Es un perfecto desbarajuste y ninguna palabra se concatena con la otra, a no ser por el mantel, que a pesar de tanta vicisitud, se conserva relativamente blanco y decoroso para un pequeña cena no muy formal.

Byron, abrir mi boca de golondrina en alientos que suplican las ateridas palabras de amor de una mirada untada en dos panes.

El sur increpa con basta magnitud y gemidos cóncavos una distancia lejana donde la que vuela se vuelve larva sobre la fruta. Usted no se explica porqué, ni yo tampoco, pero la naturaleza de las cosas muertas es hacer un pequeño o gran barullo de incomprensión dentro del corazón, desde el cual, sin mediar lo humano, germinarán las flores que adornán esta mesa.

El queso no duerme bien acomodado al norte de este cuchillo, partido a la mitad, en tres cuartos, sueña como se devora a sí mismo y a su boca como una inefable pesadilla.


Dichosa y poética agua que se desliza desde las comisuras de alma golosa cuando lees esta palabras.